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Capítulo 26. La fortaleza primigenia: del castro al castillo viejo

“En lo alto, vigía. En lo hondo, almacén de grano. El castillo era torre y era granero. Era sombra y escudo.”

Cea, asentada en un promontorio que domina el río que le da nombre, fue sin duda un enclave estratégico desde tiempos prerromanos. Aquí hubo primero un castro, un primitivo recinto amurallado que posiblemente sirvió como núcleo defensivo a los pueblos indígenas de la zona, bien antes de la romanización, puesto que se han encontrado vestigios arqueológicos que apuntan a asentamientos anteriores. En la documentación altomedieval, ese cerro fortificado aparece con nombre propio: el Castro Abaiub (o Abayub), citado en el año 916 en la fórmula de Ordoño II “in riuulo Ceia, subtus Castro Abaiub” —«en el río Cea, bajo el Castro Abaiub»— y de nuevo en una venta de 947 (ver el Capítulo 2 · Cea, el origen secreto de las palabras).

Tras la caída del reino visigodo y la ocupación musulmana en el siglo VIII, estas tierras quedaron en una zona de frontera inestable. Los reinos cristianos del norte buscaban consolidar su control sobre el valle del Duero, y en este contexto, durante la segunda mitad del siglo IX, comenzó un proceso planificado de repoblación. No se trataba solo de poblar espacios vacíos, sino de asegurar territorios estratégicos y reforzar líneas defensivas frente a posibles incursiones.

Es plausible que, en aquel plan de repoblación estratégica auspiciado por Alfonso III, Cea recibiera su primera presencia fortificada entre el 866 y el 879. Según investigaciones especializadas, el avance astur hacia el valle del Duero (872–893) se apoyó en un sistema defensivo organizado: castella o núcleos fortificados reocupaban antiguos asentamientos castreños —muros de tierra, fosos y terraplenes que se reforzaban con piedra— situados en oteros con buena visibilidad del entorno. Entre esos emplazamientos defensivos aparece el nombre de Cea como uno de los castra reaprovechados. Por tanto, es totalmente razonable imaginar que, más allá de la reconstrucción civil y religiosa, se planteara para Cea una primera muralla o castillo rudimentario, levantado sobre los vestigios de un antiguo castro y destinado a erigir una frontera segura y reconocible.

Aquella construcción primitiva, el Castillo Viejo, fue también prisión inesperada: se dice que en ella, en torno al año 1040, el rey leonés Fernando I encarceló a su propio hermano, García Sánchez III de Navarra, en un gesto de poder tan sombrío como memorable.

Del castro al castillo: las etapas
  • Prerromano — un castro indígena corona el cerro sobre el río.
  • 866-879 — Alfonso III reaprovecha el castro como castella de frontera (primera fortificación).
  • c. 1040 — el Castillo Viejo sirve de prisión real: Fernando I encierra aquí a su hermano García de Navarra.
  • 1354-1356 — tomado por Pedro I y luego derribado por las tropas de Enrique de Trastámara.

En el contexto político del siglo XIV, Cea volvió a ser un enclave codiciado. Su castillo, sobre el cerro que domina la villa, controlaba los caminos que unían Sahagún, Mayorga y el valle del Cea, un corredor importante para el paso de tropas y provisiones. En 1354, las fuerzas de Pedro I tomaron la fortaleza en su ofensiva hacia Sahagún, pero dos años después las tropas de Enrique de Trastámara incendiaron parte de la villa, destruyeron parcialmente el Castillo Viejo y se perdieron documentos parroquiales y concejiles. Las crónicas resumen el episodio: “fue a Cea que la tenía Juan Díaz de Caduérniga, e diérongela, que era un castillo muy fuerte, e mandólo derribar”. Para los vecinos, supuso el inicio de un periodo de dificultades e inestabilidad.

Hoy el cerro conserva apenas restos dispersos del recinto, cubiertos por la maleza. Bajo la superficie quedan los cimientos de la fortificación que durante siglos vigiló la villa y el valle.

Sobre las murallas del pueblo, no hay referencias tan sólidas y documentadas como para describir una cerca bien definida antes del siglo XIII. Sin embargo, tratándose de una villa de frontera en proceso de repoblación, cabe imaginar que el núcleo habitado contaría con alguna línea defensiva rústica: tal vez un foso poco profundo, un parapeto de tierra o una empalizada de madera, que sirviera como primer obstáculo ante un ataque leve. Los documentos disponibles no mencionan una cerca urbana consolidada hasta periodos posteriores, lo que sugiere que la defensa principal se volcaba en el cerro y su torre, más que en un recinto amurallado complementario.

La propia posición del cerro bastaba para disuadir incursiones: desde lo alto, los centinelas veían llegar las tropas a distancia y podían alertar a la población encendiendo hogueras o bajando con rapidez por el sendero.

Así, hasta el siglo XIII, la defensa de Cea se apoyó en su relieve y en su castro convertido en torre. El Castillo Viejo pasó de castro indígena a fortaleza de madera y adobe, y aunque hoy apenas queden restos visibles, fue durante siglos el principal elemento defensivo de la villa.


Fuentes y referencias

  • Gutiérrez González, J. A. (1995): Fortificaciones y feudalismo en el origen y formación del reino leonés (siglos IX-XIII). Universidad de Valladolid.
  • Crónica del rey don Pedro (Pero López de Ayala) — el episodio del derribo del castillo de Cea (1354-1356).
  • Para la evolución posterior de la fortaleza, ver el Castillo de Cea en la sección dedicada.