Capítulo 22. Urraca I: vida y reinado (contexto)

“Por qué importa esta reina: para entender por qué Cea y Sahagún cambiaban de mano una y otra vez, hay que entender primero la guerra que libraban una reina y su marido.”
Para comprender el papel de Cea y Sahagún a comienzos del siglo XII conviene conocer la figura de Urraca I de León (1081-1126). Buena parte de los vaivenes de la villa en esos años —ocupaciones, recuperaciones, refugios— no se explican sin la guerra que enfrentó a la reina con su segundo marido, una contienda que convirtió esta comarca en territorio de frontera.
La primera reina por derecho propio
Urraca nació el 24 de junio de 1081, hija de Alfonso VI de León y de Constanza de Borgoña. No estaba destinada a reinar: el heredero era su hermano Sancho Alfónsez, pero murió en la batalla de Uclés en 1108. Al fallecer Alfonso VI en 1109, Urraca accedió al trono de León, Castilla y Galicia.
Su importancia histórica va más allá de Cea. Suele considerársela la primera mujer que reinó por derecho propio en un reino cristiano de Europa, es decir, como reina titular y no solo como consorte o regente. Gobernó durante diecisiete años (1109-1126) un territorio amplio y disputado, y mantuvo su integridad pese a una guerra civil, las presiones de la nobleza y los enfrentamientos con Aragón y Portugal.
- 1081 — nace en León, hija de Alfonso VI.
- c. 1093 — primer matrimonio con Raimundo de Borgoña; de él nace el futuro Alfonso VII.
- 1107 — enviuda de Raimundo.
- 1109 — accede al trono de León, Castilla y Galicia; se casa con Alfonso I de Aragón.
- 1111 — batalla de Candespina; su hijo es coronado en Santiago de Compostela.
- 1114 — el papa anula su matrimonio con Alfonso I por parentesco.
- 1126 — muere; le sucede su hijo Alfonso VII.
Una lectura actual: género y poder
En los últimos años, la figura de Urraca ha sido objeto de relectura desde la historia de las mujeres y los estudios de género, sobre todo a raíz del noveno centenario de su muerte (2026). El argumento central de esa revisión es sencillo: muchos comportamientos que en los reyes varones se valoraban como firmeza o habilidad política, en ella se interpretaron como defectos de carácter.
El propio apodo con que a veces se la conoce, «la Temeraria», se considera hoy un juicio anacrónico y sesgado, que reduce un reinado complejo a un rasgo personal. Algunos historiadores proponen descripciones más neutras, centradas en su capacidad de gobierno y en el hecho de haber conservado el reino en un periodo especialmente inestable. Conviene tratar estas valoraciones con cautela: son interpretaciones actuales sobre una documentación medieval escasa y, en parte, escrita por sus adversarios o por la corte de su hijo, que no siempre fue favorable a su madre.
Un matrimonio fallido y violento
La clave de su reinado fue su segundo matrimonio. Viuda de Raimundo de Borgoña, la nobleza la presionó para que se casara con Alfonso I de Aragón, llamado «el Batallador», con la idea de unir fuerzas frente a posibles amenazas. La boda se celebró en 1109.
La unión fracasó pronto. Las fuentes describen un matrimonio conflictivo y violento: hay testimonios de agresiones físicas de Alfonso hacia Urraca, y de enfrentamientos entre ambos. A los problemas personales se sumó uno canónico: los dos descendían de Sancho III de Pamplona, por lo que el matrimonio incurría en consanguinidad. El papa Pascual II lo declaró nulo en 1114.
Más allá de lo personal, el conflicto era político. Alfonso I pretendía gobernar de hecho los reinos de su esposa e instaló guarniciones aragonesas en plazas estratégicas. La nobleza leonesa y castellana rechazó esa injerencia y le obligó a abandonar Sahagún. La ruptura derivó en una guerra abierta entre los partidarios de la reina y los del rey aragonés.
Cea y Sahagún: la frontera en movimiento
Aquí es donde entran de lleno Cea y Sahagún. Durante esta guerra, la comarca quedó entre dos poderes: en distintos momentos, plazas como Sahagún estuvieron bajo control de las guarniciones de Alfonso I de Aragón, mientras la reina conservaba o recuperaba otras como el castillo de Cea. La frontera no era una línea fija, sino un límite que se desplazaba según el resultado de cada campaña.
Esto explica el aparente vaivén de la documentación de la época: no se trata de una sucesión de conquistas en un sentido único, sino de una guerra entre dos cónyuges con tropas propias, en la que las plazas situadas entre León y Castilla —Cea y Sahagún entre ellas— cambiaban de mano una y otra vez. En 1111, tras la batalla de Candespina, parte de estas posiciones cayeron del lado de la alianza contraria a la reina; en 1113, Urraca, con tropas gallegas, recuperó Sahagún, Carrión y el castillo de Cea.
Gelmírez y Santiago de Compostela
Una pieza importante de esta historia es el arzobispo de Santiago, Diego Gelmírez. Urraca y Gelmírez fueron, según el momento, aliados o adversarios: su relación cambió varias veces a lo largo del reinado.
En 1111, con el apoyo de la nobleza gallega y del propio Gelmírez, el hijo de Urraca, el futuro Alfonso VII, fue coronado en Santiago de Compostela y asociado al trono junto a su madre. Esa alianza con el poder compostelano reforzó la posición de la reina frente a Aragón. En el contexto de estas idas y venidas se enmarca el episodio de 1117, cuando Urraca se refugió en Cea acompañada de Gelmírez, en ese momento de su lado. La relación, sin embargo, no fue estable: hubo también periodos de tensión e incluso de enfrentamiento entre ambos.
Portugal: la hermana Teresa y el conde Enrique
El otro frente fue Portugal, y conviene explicarlo bien porque a veces se simplifica. No hubo un «dominio portugués» sobre Cea en el sentido de una conquista y anexión estable. Lo que hubo fue una alianza.
La hermanastra de Urraca, Teresa, estaba casada con el conde Enrique de Borgoña, que gobernaba el condado de Portugal (germen del futuro reino). En tiempos de Alfonso VI, los dos yernos borgoñones —Raimundo y Enrique— habían pactado en secreto repartirse el reino. A la muerte de Alfonso VI, Enrique y Teresa buscaron ampliar su poder a costa de Urraca.
En la guerra de 1111, el conde Enrique de Portugal se alió con Alfonso I de Aragón contra la reina. El pacto preveía repartirse lo que ganaran del reino de Urraca. Por eso, cuando las crónicas hablan de que Cea o Sahagún cayeron «en manos lusitano-aragonesas», se refieren a esa coalición temporal, no a un dominio portugués permanente. De hecho, el conde Enrique apenas obtuvo de Urraca la promesa de entregarle algunas fortalezas, un compromiso que la reina no tenía intención de cumplir. Tras estos episodios, la comarca volvió a quedar bajo la órbita leonesa.
Final del reinado
El matrimonio con Alfonso I quedó anulado en 1114, pero la guerra y las tensiones con Aragón, Portugal y la propia nobleza continuaron durante años. Urraca mantuvo el control del reino y preparó la sucesión de su hijo. Murió el 8 de marzo de 1126 y le sucedió Alfonso VII, que sería coronado emperador.
Para Cea, el reinado de Urraca dejó algo más que una serie de fechas: fijó su papel como plaza de frontera entre León y Castilla, un valor estratégico que la villa conservaría durante el resto de la Edad Media.
Cea y Sahagún no «pasaron a Portugal»: quedaron atrapadas en la guerra entre Urraca I y su marido Alfonso I de Aragón, con Portugal como aliado ocasional del rey. Por eso las plazas iban y venían según quién ganara cada campaña.
Fuentes y referencias
- Reilly, B. F. (1982): The Kingdom of León-Castilla under Queen Urraca, 1109-1126. Princeton University Press — la biografía de referencia.
- Historia Compostelana (s. XII) — relato contemporáneo de las guerras de Urraca y del papel del arzobispo Gelmírez.
- Urraca I de León — síntesis biográfica, matrimonios, guerra civil y descendencia.
- Enrique de Borgoña y el condado de Portugal — la alianza portuguesa-aragonesa de 1111.
- Continúa en el Capítulo 21 · Urraca I: origen de una leyenda y el Capítulo 23 · De la posguerra al auge medieval.