Capítulo 7. Los vacceos: la vida en el corazón de la meseta (Contexto)

"Entre los fértiles valles del Duero y los ríos que surcan la meseta, surgió un pueblo que cultivaba la tierra, forjaba el hierro y veneraba a los cielos: los vacceos, guardianes de una cultura que dejó su huella en cada cerro, cada río y cada camino."
En el territorio al norte del Duero, de valles fértiles y amplias parameras, se desarrolló la cultura que los autores antiguos llamaron vacceos. Ya en 220 a. C. Polibio los menciona como un pueblo organizado y asentado. Según la investigación arqueológica actual, su origen se remonta a mediados del siglo V a. C., por evolución de la Cultura del Soto de Medinilla: comunidades de adobe, tapial y madera que, desde los siglos VII–VI a. C., consolidaron una agricultura cerealista intensiva, ampliaron la ganadería —sobre todo bovina— y desarrollaron contactos comerciales con regiones del sur.
- ~45.000 km² de territorio: toda la actual Valladolid y partes de León, Palencia, Burgos, Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora.
- Oppida de 10–26 ha con murallas de 6–7 m de grosor (Pintia, Cauca).
- Ciudades de 5.000–6.000 habitantes en su apogeo.
- En Pintia, el mayor horno alfarero de la Edad del Hierro de Europa occidental.
Orígenes y evolución
Los vacceos no fueron fruto de una irrupción externa, sino el resultado de procesos locales de continuidad cultural que, desde el siglo V a. C., aceleraron la complejidad social: de las aldeas soteñas surgieron grandes oppida planificados —auténticas ciudades-estado— con murallas de hasta 6–7 m de grosor (Pintia, Cauca), basamentos pétreos y alzados de adobe. La arqueología documenta complejos defensivos con fosos, empalizadas y, en Pintia, incluso un campo minado, prueba de una temprana preocupación por la seguridad. Lejos de ser homogéneos, estos núcleos crecieron sobre cerros, meandros o espigones interfluviales, con tramas pseudortogonales de calles y manzanas, y en ocasiones con barrios extramuros. Las primeras referencias históricas ya los muestran como una red de centros urbanos de varias hectáreas, organizados para controlar amplios territorios agrícolas y ejercer autoridad sobre la población dispersa. Cauca, Intercatia o Pallantia destacan como polos militares y económicos —lo subrayan Tácito y Apiano— donde se congregaban miles de habitantes, guerreros y comerciantes: una sociedad de agricultores y, a la vez, formidables combatientes, capaces de reunir grandes ejércitos (aunque las cifras de las fuentes clásicas probablemente estén exageradas).
Territorio
Más que fronteras rígidas, el mundo vacceo fue la suma de territorios dependientes de cada ciudad autónoma. Sus límites variaron con el tiempo y se entrecruzaron con etnias vecinas (textos que oscilan entre adscribir, por ejemplo, a Salmantica a vacceos o vettones). En términos amplios, abarcaron unos 45.000 km²: toda la actual provincia de Valladolid y áreas de León, Palencia, Burgos, Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora, con unidades como Tierra de Campos, Montes Torozos, el Cerrato y las campiñas al sur del Duero.
Ciudades y poder urbano
Oppidas como Cauca, Intercatia, Pallantia o Pintia superaron con frecuencia las 10 ha, alcanzando 25–26 ha en su cénit. Extramuros se situaban alfares y talleres metalúrgicos por el riesgo de incendio, mientras que las necrópolis —como Las Ruedas en Pintia— ocupaban espacios sacralizados frente a las defensas. En Cauca se ha descubierto una muralla de finales del siglo IV o inicios del III a. C., previa a Roma y Cartago, con carga simbólica además de militar.
La sociedad estuvo fuertemente jerarquizada. En la cúspide, aristocracias ecuestres (iuvenes) y, al menos en algunos casos, senados de ancianos (seniores) —citado en Cauca, 151 a. C.—. Por debajo, guerreros, artesanos y comerciantes gozaban de mayor consideración que campesinos y pastores; la demografía urbana sugiere ciudades de 5.000–6.000 habitantes en su apogeo, con población dependiente y servil al servicio de las élites.
Vida cotidiana
La vivienda de barro y madera, con suelos apisonados y fogón central, articulaba la vida doméstica. En yacimientos como Pintia se distinguen almacenes, hornos y talleres cerámicos, además de calles a veces empedradas y dotadas de aceras pétreas. Parte de las materias primas faltaban en el entorno sedimentario (hierro, cobre, estaño, granito para molinos) y llegaban por redes de intercambio; en cambio, la abundancia de arcillas explica el desarrollo alfarero: en Pintia se localiza el mayor horno alfarero de la Edad del Hierro de Europa occidental.
Economía: cereal, vid, ganadería y oficios
El pilar fue el cereal (trigos diversos, cebada, avena; algo de mijo y leguminosas), cultivado en vegas próximas con utillaje de hierro y madera (arados, azadas, trillos). Desde el siglo IV a. C. hay evidencias de viticultura en el ámbito vacceo: el vino se integró en banquetes de élite y rituales funerarios. La ganadería fue variada —ovicaprinos mayoritarios, junto a bóvidos, équidos, suidos y aves— y la lana se convirtió en recurso de proyección supraregional.

En artesanado, destacó la cerámica (pastas claras pintadas en negro, rojo y blanco; grises torneadas; negras bruñidas; producción a mano con incisiones; vajilla de cocina y almacenaje; objetos singulares como sonajeros o figurillas). Se fabricaron herramientas de hierro y armas (espadas, puñales, escudos) y se practicó una orfebrería de marcada personalidad. Aunque no acuñaron moneda, circularon y atesoraron denarios (tesoros de Pallantia, Rauda, Pintia), junto a joyas y plata.
Sobre el colectivismo agrario citado por Diodoro, la investigación reciente matiza que pudo ser una medida excepcional de coordinación económica y militar en contexto bélico, más que una norma igualitarista estructural.
Creencias, rituales y simbolismo
La religiosidad vaccea, no sistematizada, se vincula a un horizonte céltico con influencias mediterráneas. Los espacios de culto probablemente se situaban en el medio natural (nemeta, peñascos, lagunas, manantiales, confluencias fluviales). Los textos mencionan “dioses garantes de los pactos” (Cauca, 151 a. C.), la importancia de la luna —un eclipse lunar detuvo a los pallantinos en 137/136 a. C.— y, ya en época romana, las Duillae (posible variante de las Matres). Amuletos y talismanes (lobos cenitales, cuchillitos miniaturizados, tintinnabula) sugieren prácticas mágicas de protección.
Los rituales funerarios combinan la cremación normativa con enterramientos de perinatales bajo suelos domésticos y la exposición de caídos en combate a los buitres (psicopompos) según las fuentes clásicas. Los ajuares reflejan estratificación social y valores de honor y valentía.

Guerra, Roma y transformación
La historia vaccea se entrelaza con las guerras celtibéricas. En 134 a. C., Escipión devastó los campos vacceos para aislar Numancia. Siguieron episodios de resistencia —una revuelta en 56 a. C.— y la última gran oposición en 25 a. C. durante las guerras astur-cántabras. Luego, la romanización transformó oppida en municipia, reconfigurando instituciones y paisajes sin borrar por completo tradiciones locales.
Los guerreros vacceos combatían mayoritariamente como infantería ligera, organizada en bandas de parentesco, con formación flexible para hostigar y entrar luego al choque. Portaban escudos circulares (caetra) u ovales, lanza de asta y venablos, y protecciones sencillas de cuero; las élites podían sumar casco y malla. Su arma corta característica no era la falcata, sino la espada tipo Miraveche descrita para la Meseta: hoja estrecha de doble filo con caras facetadas (≈47 cm), guarda en cruz con gavilanes curvos que forman óvalos, espiga larga y pequeño pomo cónico/naviforme, a veces en vaina broncínea en abanico decorada con verracos. Además de su eficacia práctica, esta panoplia tenía una carga simbólica ligada al honor del guerrero y a los emblemas del grupo.
Legado
El legado vacceo perdura en murallas, necrópolis, cerámicas y metalisterías, y en un modelo urbano y comunitario que organizó buena parte de la Meseta. En los valles del Duero y el Cea todavía se reconocen terrazas, colinas fortificadas y fragmentos de cerámica que remiten a aquellas ciudades planificadas y a una economía basada en la tierra, los ríos y la guerra.
El yacimiento de Pintia (Padilla de Duero, Valladolid) se puede visitar: ciudad, necrópolis de Las Ruedas y aula arqueológica. Toda la información en el Centro de Estudios Vacceos «Federico Wattenberg».
Fuentes y referencias
- Sanz Mínguez, C. y Velasco Vázquez, J. (eds.) (2003): Pintia. Un oppidum en los confines orientales de la región vaccea. Universidad de Valladolid.
- Centro de Estudios Vacceos «Federico Wattenberg» — Universidad de Valladolid; investigación y anuario Vaccea.
- Wattenberg, F. (1959): La región vaccea. Celtiberismo y romanización en la cuenca media del Duero. Madrid, CSIC.
- Polibio: Historias, libro III — primera mención de los vacceos (220 a. C.).
- Apiano: Iberia — los episodios de Cauca, Intercatia y Pallantia (151 a. C.).
- Diodoro Sículo: Biblioteca histórica, V — la noticia del colectivismo agrario vacceo.



