Capítulo 33. Feijoo, Jovellanos y el despertar de las ideas
“Los sabios pasaron por aquí. O casi. Pero sus libros llegaron, y en alguna cocina aún se hablaba de la Enciclopedia.”
El siglo XVIII fue, para Castilla, un tiempo de transformaciones lentas. En las grandes ciudades se abrían cafés donde se debatían las novedades científicas, gabinetes que reunían fósiles y mapas, y escuelas ilustradas. En lugares como Cea, esas ideas llegaban de forma atenuada, a través de los caminos y de quienes viajaban.
Los principales transmisores de ese nuevo ambiente fueron los curas ilustrados y los monjes viajeros, que traían libros, sermones y noticias. Fray Benito Jerónimo Feijoo —ensayista gallego, defensor del conocimiento racional y crítico de las supersticiones— estudió y predicó en varios monasterios próximos, como San Pedro de Eslonza y San Miguel de Escalada. No consta que pisara la villa de Cea, pero su influencia se notó en la región: algunos clérigos locales, inspirados por su obra, empezaron a enseñar a leer y escribir a los hijos de los campesinos más acomodados. No era todavía una alfabetización general, pero sí un primer cambio respecto a la tradición.
También Gaspar Melchor de Jovellanos, figura central de la Ilustración española, dejó su huella, aunque de forma indirecta. Durante sus expediciones por tierras leonesas entre 1790 y 1801, mencionó en su correspondencia la necesidad de sanear los canales del río Cea y modernizar los molinos que salpicaban sus orillas. La villa no aparece citada explícitamente, pero sus observaciones demuestran que el entorno formaba parte de aquellas preocupaciones reformistas: mejorar la productividad, racionalizar el campo, combatir la pobreza.
La influencia ilustrada se expandía gracias a las Sociedades Económicas de Amigos del País, activas en León, Sahagún e incluso en Almanza. En Cea, las consecuencias fueron discretas pero significativas: por primera vez se enseñaba a la gente a firmar su nombre, se elaboraban censos agrarios para conocer qué y cuánto se cultivaba, y los campesinos comenzaron a sembrar patatas, un tubérculo que llegaba para transformar la dieta y que, no sin recelos iniciales, acabaría salvando a muchas familias de las malas cosechas.
- La leían y difundían los curas ilustrados y monjes de Eslonza y San Miguel de Escalada.
- Feijoo y Jovellanos no pisaron la villa, pero su eco sí: saneamiento del río, modernización de molinos.
- Frutos concretos: enseñar a firmar el nombre, primeros censos agrarios y el cultivo de la patata.
El paisaje seguía siendo el mismo y la vida continuaba marcada por las estaciones y el calendario religioso. Pero las ideas ilustradas, aunque llegaron de forma limitada, dejaron una huella perceptible en la educación, la agricultura y la administración local de Cea.
Fuentes y referencias
- Benito Jerónimo Feijoo — el Teatro crítico universal y la lucha contra la superstición.
- Gaspar Melchor de Jovellanos: Diarios y correspondencia de sus viajes por León (1790-1801).
- Anes, G. (1969): Economía e Ilustración en la España del siglo XVIII. Barcelona, Ariel.
- Sobre las Sociedades Económicas de Amigos del País en León, ver los fondos de la Real Sociedad Económica.

