Capítulo 8. La vía romana: de Clunia a Legio

“Por aquí pasó Roma. No en columnas de mármol, sino en mulas con trigo, acémilas con sal y soldados que silbaban entre neblinas.”
La llegada de Roma a la comarca de Cea fue lenta y progresiva. Tras la conquista de los vacceos en el siglo II a.C., el dominio romano se impuso en fases sucesivas: primero militar, después fiscal y, por último, cultural. La caída de Numancia en el 133 a.C. marcó el final de la resistencia celtibérica y permitió a Roma consolidar su control sobre la meseta.
A partir de entonces, los vacceos —en estas llanuras cerealistas— y los astures —más al norte, entre montañas— pasaron a ser piezas clave de la estrategia imperial. El trigo vacceo alimentaba a las legiones, mientras que la resistencia astur obligaba a Roma a mantener una fuerte presencia militar. En este contexto, las fuentes citan al cónsul Ático al frente del poder romano en la zona, asociado a la guarnición romana de Cea. Su nombre, sin embargo, ha pasado a la historia local por un motivo muy distinto al militar: bajo su mandato se sitúa el martirio de San Facundo y San Primitivo, el episodio que daría origen a Sahagún.
San Facundo y San Primitivo: el martirio del Cea
La tradición cristiana sitúa a orillas del río Cea el martirio de dos hermanos, Facundo y Primitivo, considerados por algunas fuentes hijos de San Marcelo de León. Según el relato, se negaron a sacrificar a los dioses romanos y, tras diversos tormentos, fueron decapitados bajo el cónsul Ático. Sus cuerpos fueron arrojados al río Cea.

El episodio no termina ahí, y es lo que conecta el martirio con la historia de la comarca. Unos cristianos que habían presenciado la ejecución buscaron los cuerpos río abajo y los hallaron en un recodo del Cea, entre la vegetación de la ribera. Allí, en un paraje entonces despoblado, les dieron sepultura. Sobre esa tumba se levantó un primer templo, y en torno a él fue creciendo un núcleo que con el tiempo se convertiría en el gran monasterio y villa de Sahagún. De hecho, el propio nombre de la villa procede del de los mártires: de Sanctum Facundum («San Facundo») derivaron las formas Sant Fagunt y Sant Fagún hasta llegar a Sahagún.
Aquel primer santuario no sobreviviría intacto: en los siglos de frontera e inestabilidad que siguieron, el lugar fue destruido y saqueado más de una vez antes de que el monasterio alcanzara su esplendor medieval. Pero el vínculo entre el río, el martirio y el origen de Sahagún quedó fijado en la memoria de toda la comarca.
Conviene precisar el alcance de estas noticias. Las actas martiriales o Passio de Facundo y Primitivo se redactaron muy tarde —en torno al siglo X— y tienen un marcado carácter legendario: recogen tormentos prodigiosos y milagros propios de la hagiografía medieval, no de un acta judicial contemporánea. La datación es también incierta: unas fuentes la llevan al reinado de Marco Aurelio (161-180 d.C.), cuando Ático habría sido cónsul en Hispania, y otras al siglo III, citando a los cónsules Ático y Pretextato. La tradición fija su festividad el 27 de noviembre. Más allá de los detalles, lo relevante para Cea es claro: la comarca, y en concreto el río que le da nombre, está en el origen mismo de uno de los grandes centros religiosos del reino de León.
- Dos hermanos mártires, según la tradición martirizados a orillas del río Cea bajo el cónsul Ático.
- Sus cuerpos, arrojados al río, fueron rescatados aguas abajo y enterrados donde luego surgiría Sahagún.
- Sobre su tumba se levantó un primer templo, después saqueado, germen del gran monasterio de Sahagún.
- Sanctum Facundum → Sant Fagún → Sahagún: el nombre de la villa procede del santo.
- Las actas martiriales son tardías (s. X) y legendarias; la fecha del martirio es incierta (s. II o III).
En este proceso de romanización, la infraestructura jugó un papel decisivo. A través de lo que hoy conocemos como la vía secundaria Clunia–Legio VII, el territorio quedó incorporado a la vasta red logística que sostenía al Imperio. Por estas calzadas circulaban tropas, recaudadores y comerciantes, conectando Asturica Augusta (Astorga), Legio (León) y Clunia (en la actual provincia de Burgos). Aunque el valle del Cea no formaba parte de las rutas principales, actuaba como paso alternativo de gran interés: una vía vicinal que, uniendo Sahagún y Legio, pasaba cerca del enclave.
Cea no estaba en una calzada principal, pero su valle servía de paso alternativo entre las grandes rutas:
- Clunia (Burgos) — capital del conventus cluniense.
- Legio (León) — la base de la Legio VII Gemina.
- Asturica Augusta (Astorga) — nudo de calzadas del noroeste.
Su valor no era el tránsito, sino el grano: los trigales del Cea alimentaban a las legiones del norte.
Junto a estas rutas se fue transformando el territorio: aparecieron miliarios que marcaban distancias y mansiones que servían de posadas oficiales, y los nombres de los lugares se fueron latinizando mientras la toponimia céltica desaparecía. El pan, básico en la dieta romana, se extendió gracias a la abundancia de cereal, y los campos en torno a Cea, antes trigales indígenas, se integraron en el abastecimiento de las legiones. Roma fue así adueñándose poco a poco de la vida cotidiana en estas tierras.
Las fuentes antiguas recogen también episodios que muestran la dureza de los enfrentamientos entre Roma y los pueblos de la meseta. Uno de los más conocidos es el combate singular entre Publio Cornelio Escipión Emiliano —nieto adoptivo del vencedor de Cartago— y un guerrero intercatiense, pueblo vecino de los vacceos. El episodio, fechado en el 151 a.C., representaba el choque entre la disciplina militar romana y el valor individual de los pueblos indígenas.
Entre la presión militar, la reorganización del territorio y la penetración cultural, Roma dejó en Cea una huella persistente: la de un imperio que, aunque no levantó aquí grandes ciudades, transformó la forma de vivir y de nombrar estas tierras.
Recreación del combate singular entre Escipión Emiliano y un guerrero intercatiense en 151 a.C., descrito por las fuentes; dibujo de L. Pascual (Sanz y Velasco, 2003: 194, fig.10).
El escenario fue la llanura de las castillas, donde Roma trataba de consolidar su dominio. Según el relato, Escipión aceptó el desafío de medir su fuerza en combate singular, en un gesto más propio de las costumbres heroicas locales que del pragmatismo militar romano. El resultado fue la victoria del general romano, pero no sin antes dejar constancia del arrojo y la resistencia del guerrero intercatiense. Para los cronistas, aquel duelo sirvió para reforzar la imagen de Escipión como líder, aunque también mostró a Roma que los pueblos del Duero no se doblegarían fácilmente.
Este episodio es más que una anécdota: refleja la tensión entre un imperio que avanzaba con legiones organizadas y un mosaico de comunidades indígenas que defendían con fiereza sus tierras. En el trasfondo, late el mismo espíritu que años después llevaría a la resistencia de Numancia o a las guerras cántabras. La romanización no fue un proceso lineal ni pacífico, sino una larga lucha que se libró tanto en los grandes asedios como en gestos individuales como el de aquel combatiente intercatiense.
Fuentes y referencias
- Roldán Hervás, J. M. (1975): Itineraria Hispana. Fuentes antiguas para el estudio de las vías romanas en la Península Ibérica. Valladolid, Universidad de Valladolid–CSIC.
- Passio sanctorum martyrum Facundi et Primitivi (s. X) — las actas martiriales, de carácter legendario, sobre el martirio a orillas del Cea.
- Facundo y Primitivo (mártires) — el martirio bajo el cónsul Ático y el origen de Sahagún.
- Escalona, R. de (1782): Historia del Real Monasterio de Sahagún — recopilación de la tradición sobre los mártires y los orígenes del monasterio.
- Apiano: Iberia — el combate singular de Escipión Emiliano ante Intercatia (151 a. C.).
- Sanz Mínguez, C. y Velasco Vázquez, J. (eds.) (2003): Pintia. Un oppidum en los confines orientales de la región vaccea. Universidad de Valladolid — origen del dibujo de L. Pascual (p. 194, fig. 10).
- Legio VII Gemina y Asturica Augusta — los polos de la red viaria del noroeste.

